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Ser como el agua es una expresión que define muy bien lo que nos propone la Programación Neurolingüística (PNL). Ser como el agua significa ser fluido, adaptable, flexible, envolvente, fuerte y resistente. Y todas estas habilidades nos las proporciona la práctica de la PNL.
¿Y cómo lo consigue? La PNL parte de la idea de que nuestras conductas son siempre las mejores que tenemos disponibles en un momento y un contexto concreto. En ocasiones esas conductas quedan muy lejos de lo que consideramos la excelencia. Es entonces cuando la PNL nos brinda la oportunidad de aumentar y enriquecer nuestro repertorio de conductas. Para ello se sirve de múltiples herramientas que nos permiten: Aumentar nuestra capacidad de percepción, modificar los filtros que aplicamos a todas nuestras percepciones, modificar nuestras creencias, reajustar nuestra escala de valores consiguiendo una configuración más adecuada a nuestros objetivos, mejorar nuestra capacidad de comunicación e influencia (porque comunicar es siempre influir), aprender por la vía rápida (modelar en términos de PNL) de aquellos que obtienen resultados excelentes...
Algunas personas definen la PNL como la ciencia de la excelencia. Yo prefiero definirla como la ciencia de la flexibilidad.
Si quieres ser como el agua, amigo mío, tú necesitas PNL.
¿A qué estás esperando?
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